Si algo nos gusta a todos de la Navidad es infantilizarnos y llegar a límites que en otra época del año nos parecerían “ridículos”, “inmaduros” o “cursis”. Difumina toda clase de culpabilidad por sentirse aún un niño -sentimiento generado por nuestra preciosa sociedad, esa que siempre nos dice qué debemos hacer-. No obstante, los niños de verdad no dejan de ser el centro de atención, aunque a algunos nos cueste aceptarlo, y las agencias publicitarias ven una jugosa presa en ellos.

A partir de aquí, la polémica no hay ni que servirla porque nos arrastra con ella: el sexismo y los roles de género en la venta y promoción de juguetes sigue siendo palpable tanto como hace 15 años. Son las marcas las que realmente deciden cómo vender sus productos y, sin duda alguna, marcan tendencia. De esto, la peligrosidad de establecer ideas preconcebidas en los más pequeños en forma de diversión clasificada.

Las niñas juegan con muñecas, cuidan bebés, hacen las tareas del hogar y se maquillan. Siempre con una paleta de colores rosas tan grande como la idiotez de sus publicistas.

Los niños con muñecos soldados y musculosos, coches, grúas y juguetes de acción. Esta vez, con una variedad de azules también igual de grande que la cantidad de paletos en las agencias.

Pero no solo hay caquita que sacar. Gracias al desarrollo y reflexión de ciertas teorías que promueven la igualdad en nuestra sociedad -cuesta nombrarlo sin que se abran muchas bocas para criticarlo desde la ignorancia #feminismo – surgen ideas como la última campaña promovida por la vicepresidencia y conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Comunidad Valenciana: #eljoguetnotegènere.

Una iniciativa llevada a cabo tanto por Mónica Oltra como por el colectivo Lambda y un grupo de estudiantes de la Universitat Politècnica de València que busca la eliminación de estereotipos en los anuncios de juguetes y, con ello, evitar la asignación de roles de género a niñxs que generan situaciones de acoso en el futuro.

Desde la “igualdad de género, la diversidad y el derecho a jugar” , Oltra defiende que “también los códigos de color y el empaquetado hacen perpetuar el modelo de desigualdad de roles”.

De la misma forma, parece que hay esperanza en esta campaña y en las Navidades futuras, presentes y pasadas. La marca de automóviles Audi ha lanzado esta semana un nuevo anuncio que rompe con todos esos estereotipos. Una apuesta arriesgada pero justa y ya necesaria en nuestras pantallas. Una campaña que promueve el derecho a jugar con libertad y a elegir con espontaneidad, sin que los juguetes vengan precedidos y los niños se vean afectados por decisiones que ni siquiera son tomadas por sus padres.

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